La bici eléctrica ya es un vehículo. Falta que alguien la trate como tal
¿Cómo puede una aseguradora, un banco o una energética responder por un vehículo que ya supone más de la mitad de las bicicletas urbanas que se venden y que la ley no obliga a asegurar?
El insight
Quien compra una bicicleta eléctrica para ir a trabajar ha comprado un vehículo, y todo lo que la rodea la sigue tratando como un juguete. La ley la equipara a una bicicleta de siempre, así que nadie le pide ni le ofrece un seguro. En la calle dura poco: uno de cada siete ciclistas ha sufrido un robo en cinco años. Por eso la sube cada noche a casa y la deja en el pasillo. Ha resuelto el atasco y buena parte del gasto del coche; lo que no ha resuelto es quién responde por ella cuando la aparca.
Contexto de la tendencia
La bicicleta eléctrica ha dejado de ser una rareza en las tiendas. En 2025 se vendieron en España 1.093.478 bicicletas, y las eléctricas fueron el 21,5% de las unidades y el 35,2% de la facturación, según el Informe del Sector de la Bicicleta de AMBE y Cofidis. Entre las bicicletas urbanas, más de la mitad de las que se venden, el 55,4%, ya llevan motor. Y quien la tiene la usa de otra manera: el 48,5% de los propietarios de una eléctrica la emplea como medio de transporte, frente al 23,5% de quienes tienen una mecánica.
Lo que no ha cambiado es lo que hay alrededor. La Ley 5/2025 obliga desde enero de 2026 a asegurar los patinetes y las bicicletas rápidas, pero excluye las de pedaleo asistido, que quedan «al igual que las bicicletas o ciclos tradicionales». El 14,3% de los usuarios ha sufrido algún robo en cinco años, y en Barcelona una de cada cinco víctimas no vuelve a comprar otra. En las ciudades grandes, la bicicleta se guarda dentro de casa.
Hay además una fecha. La Ley de Movilidad Sostenible obliga a los centros de trabajo de más de 200 personas a tener un plan de movilidad antes del 5 de diciembre de 2026, con medidas de movilidad activa. Las empresas afectadas tendrán que decidir en las próximas semanas qué hacen con la bicicleta de sus empleados.
Preguntas que abre este territorio
Ángulo de marca
Los precedentes ocupan tres posiciones. Una financiera firma el dato del mercado, una empresa de renting opina sobre la regulación y una marca de suscripción elimina el problema quitando la propiedad. Ninguna acompaña a quien ha comprado su bicicleta eléctrica y quiere usarla todos los días. Las aseguradoras han anunciado productos para los vehículos que la ley obliga a asegurar, que son los patinetes, y han dejado fuera la bicicleta que más se vende. El espacio del propietario, con sus dudas de seguro, aparcamiento, financiación y empresa, no tiene todavía una marca de referencia en España.
Propuesta Territorio Narrativo
Una campaña sobre movilidad sostenible invita a cambiar de hábito y se acaba con la invitación. Este territorio atiende a quien ya ha cambiado y se ha quedado sin interlocutor: tiene un vehículo que usa a diario, que la ley no le obliga a asegurar y que no puede dejar en la calle. Mientras nadie responda por esa bicicleta, hay un servicio editorial que prestar cada semana, y no un mensaje que lanzar una vez.
Después de la compra: el espacio editorial de quien ya ha cambiado parte de sus trayectos por una bicicleta eléctrica y descubre que el resto del sistema no ha cambiado con él. Aquí se cuenta la vida práctica de un vehículo nuevo: dónde duerme, quién lo asegura, cómo se paga, qué pasa si lo roban, qué dice la empresa cuando llegas con él. El tono es el de una sección de motor bien hecha, con pruebas, comparativas y letra pequeña, aplicada a un vehículo que todavía no tiene la suya. Se vuelve a él porque las dudas aparecen con el uso, y porque cada cambio de norma, de ordenanza o de plan de empresa abre un capítulo nuevo.
Por qué funciona este territorio
Funciona porque trata al lector como lo que ya es: un conductor. Durante años se le ha hablado a quien va en bicicleta como a un deportista o como a un militante. Quien ha comprado un vehículo para ir a trabajar quiere lo mismo que cualquier propietario: que le digan qué comprar, cómo cuidarlo y qué hacer si algo sale mal. Reconocerlo es ya una forma de respeto, y el lector lo nota.
El uso diario alimenta la recurrencia. Las dudas de un vehículo aparecen con el tiempo: el primer invierno, el primer pinchazo, el primer susto con el candado, el día que la empresa cambia de sede. Cada una trae de vuelta al lector, y cada cambio de norma o de ordenanza municipal renueva el contenido sin que haya que inventarlo.
Y se sostiene en una comunidad que ya se ayuda sola. Los propietarios comparten trucos, sitios y advertencias porque nadie más lo hace. Un espacio que ordene ese conocimiento y lo contraste con datos y pruebas se convierte pronto en el lugar al que se envía a quien acaba de comprarse una, que es la mejor recomendación que puede recibir una marca.
Precedentes y referencias
Proyectos que han trabajado este territorio directamente — y otros que han explorado espacios narrativos similares. El hueco que ninguno ha ocupado es la oportunidad de esta idea.