La casa que no funciona sin enchufe: lo que el apagón nos enseñó y ya olvidamos
¿Cómo puede una energética, una aseguradora o un operador ayudar a que la casa siga funcionando sin luz, cuando el 69,2% creía estar preparado para tres días y solo un tercio tenía un kit el día del apagón?
El insight
A principios de abril de 2025, siete de cada diez españoles decían que su casa estaba preparada para aguantar tres días sin ayuda. Tres semanas después se fue la luz y descubrimos que no funciona sin enchufe: no se podía cocinar, el móvil no tenía cobertura, casi la mitad no tenía una radio con pilas y nadie sabía cuánto aguantaría la insulina en la nevera. Solo uno de cada tres hogares tenía algo parecido a un kit. Después hicimos lo de siempre: compramos linternas y hornillos en un arrebato y los guardamos en un armario, y cada aviso de la red eléctrica nos vuelve a mandar a la tienda. Creíamos estar preparados porque nunca lo habíamos comprobado, y nadie nos ha enseñado a prepararnos sin asustarnos.
Contexto de la tendencia
El Centro de Investigaciones Sociológicas preguntó a los españoles por su preparación ante emergencias dos veces en el mismo mes, sin saber lo que iba a pasar entre una encuesta y otra. Entre el 1 y el 8 de abril de 2025, el 69,2% decía que su hogar estaba preparado para subsistir 72 horas sin ayuda externa, y el 39,4% rechazaba la recomendación europea de tener reservas en casa. El 28 de abril se fue la luz en toda la península. En la encuesta que el CIS hizo los dos días siguientes, solo el 34,3% tenía en casa un kit de emergencia o algo similar. Lo que más se echó en falta fue lo más básico: electricidad para cocinar o conservar alimentos y medicinas (62,1%) y teléfonos que funcionaran (55,5%). El 46,8% no tenía radio a pilas, y de quienes acabaron escuchando la radio, más de un tercio tardó más de dos horas en hacerlo.
La reacción ha sido de picos. Un mes después, el 56% se planteaba comprar productos de supervivencia, según el Observatorio Cetelem. En octubre de 2025, un simple aviso de Red Eléctrica sobre variaciones de tensión, sin riesgo de apagón, disparó un 76% la demanda de hornillos, estaciones de energía y radios en el comparador Idealo. Un año después, seis de cada diez usuarios encuestados por Selectra dicen seguir sin estar preparados, muchos porque creen que no volverá a pasar. Mientras tanto, la batería se ha colado en las casas por otra puerta: en 2025, el 61% de las nuevas instalaciones solares residenciales ya la incluía, según UNEF.
Las instituciones también se mueven. El panel de expertos europeo concluyó en marzo de 2026 que el apagón no tuvo una causa única, y el Gobierno ha anunciado que obligará a los operadores a mantener la cobertura móvil cuatro horas durante un corte para el 75% de la población, de forma gradual en tres años. Lo que nadie ha hecho es ayudar a cada casa a prepararse, en un país que, como recuerdan los investigadores, no tiene la cultura de autoprotección de Alemania o de los países nórdicos.
Preguntas que abre este territorio
Ángulo de marca
Los precedentes ocupan tres posiciones. Antes del corte, una energética española convierte la preparación en una guía que lleva a su tienda; después del corte, una aseguradora explica cómo reclamar la comida perdida; y en Estados Unidos, un fabricante de generadores vuelve cada temporada de huracanes con su guía anual. Nadie se ocupa en España de lo que hay entre el antes y el después: convertir la preparación en una costumbre tranquila de cada casa, centrada en lo que más falló aquel día (comer, comunicarse, informarse y conservar lo que necesita frío), en un país en el que siete de cada diez creían estar preparados sin haberlo comprobado nunca.
Propuesta Territorio Narrativo
Una campaña sobre el apagón aprovecha el aniversario y se apaga con él. Este territorio atiende lo que el apagón dejó pendiente en cada casa: un plan para comer, comunicarse y conservar lo esencial si se va la luz, que casi nadie ha hecho. Mientras siga habiendo avisos, temporales y olas de calor, la pregunta vuelve, y hay que responderla con calma.
La casa preparada: el espacio editorial donde se aprende, con calma y sin catastrofismo, a que el hogar siga funcionando cuando falla lo que damos por hecho. Aquí se cuentan las historias de lo que pasó en las casas el 28 de abril y lo que cada familia cambió después, se explica qué significa en la práctica aguantar tres días por cuenta propia y se prueban de verdad los aparatos y las soluciones. El tono es el de la economía doméstica bien hecha: práctico, cercano, con un punto de humor y nada de alarma. Se vuelve a él porque cada estación trae su riesgo (calor, tormentas, temporales), porque cada aviso reabre la pregunta y porque preparar una casa es algo que se revisa, no algo que se compra una vez.
Por qué funciona este territorio
Funciona porque parte de un recuerdo que todo el mundo tiene y del que cada uno guarda una historia: dónde estaba, qué no pudo hacer, a quién no pudo llamar. Esa memoria compartida hace que el lector entre sin esfuerzo y que quiera contar la suya, que es la base de cualquier comunidad.
Se sostiene en la utilidad y en el calendario. Prepararse no es un tema que se agote: cada estación cambia el riesgo, cada aviso de la red reabre la pregunta y cada familia cambia (llega un bebé, el abuelo se muda a casa). La audiencia vuelve porque su situación cambia, no porque se le recuerde el miedo.
Y ocupa un tono que la conversación pública no tiene. Entre la alarma de los titulares y la indiferencia del día después hay un espacio para la calma práctica, el de quien sabe lo que hace y lo explica sin asustar. Ese tono genera confianza, y la confianza es exactamente lo que una marca de energía, de seguros o de telecomunicaciones necesita cuando algo falla.
Precedentes y referencias
Proyectos que han trabajado este territorio directamente — y otros que han explorado espacios narrativos similares. El hueco que ninguno ha ocupado es la oportunidad de esta idea.